Ponencia presentada por Ken Ritchie, presidente de la Electoral Reform Society, el día 28 de marzo en el Seminario Internacional Complutense "Teoría y Práctica de la Representación Política" celebrado en la Facultad de Ciencias Políticas de la UCM.


Esta comunicación tiene dos partes.

  • La primera describe una aparente paradoja de la democracia británica: hemos asistido a un periodo sin precedentes de reformas constitucionales y sin embargo los ciudadanos se sienten cada vez más desapegados de la política formal.
  • La segunda reflexiona sobre el papel del sistema electoral: por qué el Gobierno ha incumplido su promesa de convocar un referéndum sobre el modo en que elegimos a los Miembros del Parlamento y por qué un cambio en el sistema electoral británico es quizás el cambio más importante que se necesita para inyectar nueva vida en la política británica.

PRIMERA PARTE

SEGUNDA PARTE


PRIMERA PARTE

  • El renacimiento constitucional británico

La Cámara de los Comunes ha sido con frecuencia llamada, al menos en Gran Bretaña, la " Madre de los Parlamentos ". Es cierto que Gran Bretaña puede tener un legítimo orgullo respecto a la historia de su Parlamento, cuya continuidad durante siglos ha dado al país una envidiable estabilidad política. Sin embargo, si aceptamos lo de "Madre de los Parlamentos" como una descripción apropiada, en las recientes décadas ha quedado claro que la vieja señora se ha hecho demasiado estable en sus modos para un mundo que cambia rápidamente. Entre los años de la primera Ley de Reforma Electoral, de 1832 y 1997, el derecho de voto se ha extendido a todos los ciudadanos adultos, pero muy poco más ha cambiado.

La elección del Gobierno Laborista en 1977, sin embargo, abrió un periodo que solamente puede ser descrito como "renacimiento político". Modernización fue un tema clave del Partido Laborista, que incluso se llamó a sí mismo "Nuevo Laborismo". Al año de haber asumido el poder había introducido importantes reformas:

  • A la población de Escocia y Gales se le propuso sendos referéndum que llevaron al establecimiento del Parlamento Escocés y de la Asamblea Nacional de Gales en 1999;
  • En 1999 Gran Bretaña siguió el ejemplo del resto de los países europeos al elegir a sus representantes en Europa con un sistema de representación proporcional;
  • Se dio un paso en la reforma de la Cámara de los Lores al suprimir los derechos de voto de los pares hereditarios, quedando como un grupo residual al que se le permite seguir en su puesto durante un periodo de transición.
  • Se puso en la agenda las asambleas regionales elegidas para las regiones inglesas: aquí el progreso ha sido lento, pero ahora existe un firme compromiso de permitir el establecimiento de asambleas donde los electorados regionales quieran tenerlas.
  • En cuanto al gobierno local ha habido experimentos de introducir nuevas estructuras, incluyendo la posibilidad de alcaldes elegidos directamente.
  • Ha sido establecida una Comisión Electoral, directamente responsable ante el Parlamento (más que ante el Gobierno), para supervisar el comportamiento de las elecciones.

Sin embargo, el nuevo Gobierno Laborista no ha cumplido la más significante de sus promesas electorales de cambio constitucional: la promesa de un referéndum para cambiar el procedimiento de elección de los diputados. El significado y las consecuencias de este cambio son expuestos en la segunda parte de esta ponencia.

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  • Democracia en declive

Aunque ha fallado en la convocatoria de un referéndum sobre el modo de elección de los diputados, los logros en el cambio constitucional del Gobierno Laborista de 1997-2001 han sido notables. Pero a pesar de esos cambios y de la promesa laborista de apostar por una democracia en la que el pueblo estaría más implicado en las decisiones que le afectan, lo que hemos visto por el contrario es un dramático declive de la participación política.

Aunque la participación en las elecciones ha ido cayendo en la mayoría de las democracias europeas, en ninguna parte este declive ha sido tan marcado como en Gran Bretaña. Las elecciones europeas de 1999, en las que solamente votó el 23 % del electorado británico (excluyendo Irlanda del Norte), fue el primer signo de que las cosas iban mal. En las elecciones locales de 1999 y 2000 la participación permaneció baja: en los distritos metropolitanos solamente votó 1 de cada 4 electores y en algunas áreas la participación bajó a menos del 20 %. La legitimidad democrática de los consejos locales fue puesta en cuestión y esta débil legitimidad hizo que en algunas áreas los consejos locales fueran descalificados por la extrema derecha.

Sin embargo, la caída más dramática en la participación llegó con las elecciones generales de 2001.

Año
Participación
1979
76.0
1983
72.7
1987
75.3
1992
77.7
1997
71.5
2001
59.4

Esta ha sido la participación más baja en unas elecciones generales británicas desde 1918. Como en 1918 una gran parte del electorado todavía estaba regresando de la guerra en Europa, la participación de 2001 ha de ser contemplada como la peor en la historia de Gran Bretaña.

Otra señal del alejamiento público respecto de la política formalizada es la caída en la afiliación a los partidos políticos: ahora es solamente el 1.5% del electorado. Antes de las elecciones de 1997 Tony Blair hablaba de construir el Laborismo como un partido de masas: es verdad que la afiliación creció en la campaña de aquellas elecciones con más y más gente que quería participar para poner fin a 18 años de Gobierno conservador. Pero desde entonces, quizá por creer que el trabajo ya estaba hecho o quizá por desilusión, la afiliación de todos los partidos ha ido bajando.

Pero es que incluso las estadísticas en la afiliación a los partidos ocultan el desasosiego que afecta a los partidos: el número de miembros activos se va desvaneciendo y va siendo mayor en la edad (la edad media de los miembros del Partido Conservador está ahora por encima de los 60); las reuniones de los partidos tienen muy poca asistencia y los partidos tienen dificultades para encontrar suficientes candidatos adecuados para presentarlos a las elecciones de los gobiernos locales.

Lo mismo sucede con los miembros activos que reclutan y seleccionan los candidatos para el Parlamento e incluso los ministros del Gobierno. El hecho de que esa parte activa de los miembros sea menos que el 1 % del electorado debería ser un asunto de pública preocupación.

Los sondeos de opinión han puesto a los políticos en lo más bajo de la clasificación en términos de la confianza que merecen al pueblo.

Personas (en %) que no creen
que
dicen la verdad los...
Médicos
91
Profesores
74
Personas ordinarias
53
Líderes sindicales
33
Empresarios
28
Políticos
18
  Periodistas
18

El único consuelo para los políticos es que el público tiene la misma desconfianza respecto de los periodistas, sus críticos más feroces.

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  • Comprendiendo la paradoja

Así pues, tenemos en Gran Bretaña un renacimiento político, pero, en vez de producir una revitalización de la vida política, ha coincidido con un periodo de creciente alejamiento del público respecto la política. ¿Cómo se puede explicar esta paradoja?

No hay evidencia de que el pueblo tenga menos formación política o esté menos preocupado políticamente que en el pasado. Los profesionales de la opinión que han preguntado las mismas cuestiones a lo largo de años han encontrado poco cambio en el nivel de interés en los asuntos políticos; parece que la única diferencia es que la gente ya no ve que los políticos y los partidos tengan relevancia para lo que de verdad le preocupa.

Mejor que implicarse en los partidos políticos, muchos ponen sus energías en trabajar para asuntos específicos: para el desarrollo, para el medioambiente, contra los productos transgénicos. La Real Sociedad para la Protección de los Pájaros tiene más miembros que todos los partidos políticos juntos. Recientemente hemos visto más de medio millón de personas que renuncian al ocio del Sábado para manifestarse en Londres contra la guerra de Irak.

El alejamiento de los partidos políticos ha sido en parte el resultado de cambios en la sociedad. En el pasado, los que podíamos señalar en sentido amplio como clase trabajadora apoyaban siempre al Laborismo, mientras que los empresarios y la mayoría de los profesionales votaban a los conservadores. Ahora la brecha entre clase trabajadora y clase media no tiene tanta importancia en la sociedad británica y, en consecuencia, el núcleo tradicional de votantes de los principales partidos está en declive.

Pero no es solamente el electorado sino también la misma naturaleza de la política lo que está cambiando. En todos los partidos hemos asistido a una centralización del poder con las campañas electorales desarrollándose cada vez más como una lucha entre los líderes políticos planteada en los medios nacionales, mientras que las campañas de nivel de distrito entre los candidatos rivales van perdiendo importancia.

Un antiguo encargado de la disciplina del Partido Laborista ha escrito hace poco sobre la "Presidencia Británica" señalando que, aunque Gran Bretaña no tiene una constitución escrita, el Primer Ministro ha podido asumir poderes que no tiene ni siquiera el Presidente de los EE UU. El mismo papel de los Comunes ha disminuido al constatar los diputados del partido en el poder que tienen muy poca capacidad para influir en la política del Gobierno y pedirle responsabilidad (de aquí que la rebelión del 18 de marzo de 2003 de diputados laboristas contra la política del Gobierno sobre Iraq podría marcar un cambio importante en esta línea).

También hemos visto que se va cerrando la diversidad entre nuestros políticos respecto a su base social y profesional. Hemos visto cada vez más que los diputados salen de una clase política de profesionales de los partidos, de investigadores en temas parlamentarios, de dirigentes a tiempo completo de los sindicatos, etc. Hay un tanto de justificación en la queja de muchos votantes de que "los políticos son todos lo mismo".

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  • Respuesta del Gobierno

No han faltado las discusiones y análisis de las causas del desencanto político. Han faltado soluciones operativas.

La principal estrategia del Gobierno ha sido ver cómo se podía hacer más fácil el votar. En los años pasado ha habido en las elecciones locales un buen número de proyectos para ensayar que todos voten por correo, el voto por Internet, el voto por teléfono, etc. Estos proyectos han demostrado que en las elecciones locales, en las que la participación suele ser baja, el voto solamente por correo puede con frecuencia (no siempre) marcar una diferencia. Hasta ahora los efectos del voto por Internet y por teléfono parece que son más bien limitados. Sin embargo, el Gobierno ha decidido que para las elecciones generales siguientes a las próximas todo elector tenga la opción de votar por Internet.

Nada se puede objetar a que se haga más fácil la votación, con tal que la seguridad y el secreto de los votos se mantengan. Pero aquí tenemos un problema: con cualquier forma de voto remoto (es decir, el voto fuera de la mesa electoral) es más difícil estar seguro de que la persona votante es la persona que tiene derecho al voto. Es más, incluso si se pudieran introducir procedimientos para asegurar la identidad del votante, no aparece por ninguna parte un procedimiento que asegure que el votante vota en secreto y no bajo la influencia de un candidato demasiado entusiasta, o de un miembro dominante de familia, o incluso de un soborno.

De todos modos, los cambios en los métodos con los que la gente vota no parece que vayan a tener una gran diferencia en la participación electoral. La participación no ha ido decreciendo porque votar es cada vez más difícil, sino porque los electores no creen que sus votos vayan a ser realmente efectivos, o porque no creen que el resultado de unas elecciones vaya a tener una gran diferencia en sus vidas. El voto por correo, Internet y teléfono, no parece que se dirija a las causas reales de la desafección política (naturalmente, esto no significa que no tenga su valor el voto electrónico). Si nos llevara a una mayor democracia electrónica, al proveer un mejor contacto entre electores y representantes, no solamente en las elecciones, sino entre las elecciones, podría ser muy significativo)

Una respuesta de mayor impulso por parte del Gobierno ha sido la introducción de la "educación cívica" en las escuelas. Sorprendentemente las escuelas británicas no han considerado en el pasado que era tarea suya enseñar a la gente joven cómo funciona la sociedad en la que viven, cómo funciona la política y cómo se toman las decisiones políticas. Por supuesto que habrá que esperar algunos años antes de que los efectos de la educación ciudadana puedan ser apreciados en términos de participación, pero ya ha producido un debate en este tema sobre si reducir la edad del votante de 18 a 16 años: se ha argumentado que un joven de 16 años que se ha beneficiado de una educación cívica podría tener una mejor comprensión de los temas que se proponen en una elección y estar más cualificado para votar que muchas personas de 60 años.

La nueva Comisión Electoral merece también que se le conceda un crédito en su trabajo de analizar los problemas y en sus iniciativas, por ejemplo en promover la inscripción en el censo, en educar a los votantes y en buscar medios para comprometer a los electores más jóvenes (la participación de los votantes entre los 18 y 24 años en la elecsción de 2001 fue un desanimador 39 %) y a los votantes de minorías étnicas.


SEGUNDA PARTE

  • La conexión de los votantes con los políticos a través de la reforma electoral

Aunque no hay ninguna medida singular que pueda resolver los problemas de la desafección política, voy a defender que, sin un cambio en el modo en que elegimos a nuestros diputados, las posibilidades de revitalizar la democracia británica son muy débiles. Gran Bretaña es el único país en Europa que elige su parlamento nacional con el sistema mayoritario uninominal (first-past-the-post system) que da por resultado un Gobierno poco representativo, muchos votantes con poco incentivo para votar, campañas centradas en un número pequeño de circunscripciones, y votantes que tienen un número muy limitado de opciones efectivas.

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1. Gobierno no representativo

La falta de representatividad del Parlamento británico puede deducirse de los resultados de las elecciones generales de 2001:

Partidos
% voto (A)
% escaños (B)
B / A

Conservative
31.7
25.2
0.8
  Labour
40.7
62.5
1.5
  Liberal Democratic
18.3
7.9
0.4
  SNP/Plaid Cymru
2.5
1.4
0.6
  N Ireland Parties
3.1
2.7
0.9
  Other
3.7
0.3
0.1

 

Aunque el Partido Laborista ha tenido mucho menos de la mitad de los votos, ha sacado una gran mayoría de escaños. Esta mayoría tiende a hacer que los Comunes no sean efectivos a la hora de exigir responsabilidades al Gobierno. El Gobierno puede confiar en que gana las votaciones en los Comunes, incluso si algunos diputados laboristas deciden abstenerse o incluso rebelarse.

Estas cifras nacionales ocultan una todavía mayor falta de proporcionalidad al nivel subnacional o regional. En Gales, por ejemplo, los conservadores no obtuvieron ningún escaño a pesar de que obtuvieron el 21 % de los votos:

Partidos
% voto (A)
% escaños (B)
B / A

Labour
48.6
85.0
1.7
  Conservative
21.0
0.0
0.0
  Liberal Democratic
13.8
5.0
0.4
  SNP/Plaid Cymru
14.3
10.0
0.7
  Other
2.3
0.0
0.0

En Escocia, con el 15 % del voto, los conservadores ganaron solamente un escaño.

En consecuencia, no existe una voz efectiva para los conservadores ni Escocia ni en Gales.

Sin embargo, los laboristas, incluso con su gran mayoría, también sufren lo que se ha llamado "desiertos electorales", esto es, áreas del país donde el Partido no tiene diputados a pesar de una significativa proporción de votantes laboristas.

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2. Muchos votos no 'cuentan'

En la mayoría de las elecciones generales británicas, la mayoría de los votos son lo que llamamos "malgastados". Por ejemplo, en la circunscripción de Liverpool Riverside, que alcanzó notoriedad por tener una participación de solamente el 34 % en las elecciones generales de 2001, el resultado fue:

Partido
Número de votos
  Labour
18.201
  Liberal Democratic
4.251
  Conservative
2.142
 
Total Votos
25.503
 
Mayoría
13.950


El dominio laborista en este distrito es tal que los votantes de otros partidos no hacen más que dar un testimonio de oposición. Las posibilidades de que sus votos afecten el resultado son desechables.

Pero también hay un problema para los votantes laboristas. Lo que sorprende es que tantos partidarios laboristas se tomaran el trabajo de votar: era perfectamente claro que el Laborismo iba a ganar. Sus votos solamente iban a contribuir a aumentar la gran mayoría, pero no iban a tener ninguna influencia en el resultado final.

Aunque he usado el ejemplo de un escaño muy seguro para los laboristas, hay otros que son igualmente seguros para los conservadores.

Mirando a todos los votos expresados en 2001:

  • 50% fueron a candidatos perdedores
  • del 50% de votos para los candidatos ganadores,
    • 20% contribuyeron a mayorías innecesarias;
    • sólo 30% de votos fueron necesarios para dar a los candidatos ganadores las mayorías necesarias.

     

Ningún votante puede tener la seguridad de que su candidato/a favorito/a salga elegido, pero con un sistema proporcional todos los votos contribuyen a los totales que determinan la asignación de los escaños. Todos los votantes, por tanto, tienen un incentivo para votar.

 

3. Las elecciones se deciden con los resultados de un pequeño número de escaños

En los distritos pequeños el resultado de una elección es sabido de antemano: los escaños generalmente son "seguros" para un partido o para otro. De las 659 circunscripciones en Gran Bretaña, solamente 22 cambiaron de manos en 2001.

Los partidos saben qué escaños son marginales -en cualquier caso es raro que más del 10 % de los escaños sea marginal- y, en consecuencia, los recursos de los partidos para las campañas se concentran en ganar esos escaños. Todavía más, en esos escaños basta una oscilación de menos del 10 % para que cambien de manos. Por lo tanto, las campañas electorales se concentran en persuadir alrededor del 10 % de los votantes de alrededor del 10 % de los escaños; un 1 % del electorado.

Si los programas electorales de los partidos están dirigidos a captar este crítico 1 % del electorado, no sorprende que en muchos temas sus posiciones sean convergentes. Para los laboristas, por ejemplo, es más importante ganar 500 votos más en un escaño marginal que ganar 10.000 más en uno "seguro". No nos extraña, pues, que tantos votantes tradicionales del Laborismo sientan que su partido los ha abandonado, diseñando su política de acuerdo con las bases medias en vez de las necesidades de las familias de rentas bajas que han sido en el pasado su principal apoyo. El sistema electoral contribuye a una situación en la cual los partidos se desconectan de sus bases.

El efecto en la participación de estas campañas enfocadas a los escaños claves marginales se puede apreciar en las elecciones generales de 2001: en los 100 escaños más marginales la participación fue en término medio 10 % más alta que en los 100 escaños más seguros.

Con un sistema proporcional, todos los partidos tendrían un incentivo para hacer campaña para ganar todos los votos en todos los distritos y no solamente en una minoría de marginales.

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4. Los candidatos "no idóneos" frecuentemente ganan y el voto táctico es promocionado

Con el sistema británico mayoritario uninominal el candidato menos popular en una circunscripción puede ganar el escaño. Supongamos, por ejemplo, que un candidato tiene el 40 % del voto, pero tiene una fuerte oposición del otro 60 %. Si el 60% apoya a los otros candidatos, pero este apoyo está dividido entre ellos, entonces ganará el candidato menos popular.

Sin embargo, en las recientes elecciones, hemos visto un crecimiento en el número de votantes que tratan de compensar este efecto del sistema electoral por medio del voto "táctico". Por ejemplo, en un distrito en el que el Partido Demócrata Liberal es el tercer partido, los votantes demócratas liberales pueden comprender que un voto para su propio candidato puede ser un voto "malgastado". Admitiendo que la pugna se da entre laboristas y conservadores, pueden decidir votar por el candidato laborista en la esperanza de que él o ella pueda derrotar al candidato que decididamente ellos no quieren que gane, antes que votar por el candidato que ellos verdaderamente quisieran que ganara.

Efectivamente, en la última elección general hemos visto el desarrollo de páginas web en las que la gente podría intercambiar sus votos: un votante laborista en un distrito en el que el Laborismo no tiene esperanza podría acordar votar demócrata liberal con tal de que otro demócrata liberal en otro distrito votara laborista. Es verdad que estos tratos eran informales y plenamente libres, pero demostraban que muchos votantes reconocían lo inadecuado del actual sistema y buscaban caminos dándole rodeos.

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5. Los Comunes no representan la diversidad de la sociedad británica

Otro tema que está recibiendo mucha atención es la representatividad de la Cámara de los Comunes, no solamente en términos de partido. Aunque el número de mujeres diputadas ha doblado en los últimos 10 años, es todavía solamente el 18 % del total. Solamente 1,8 % de los diputados vienen de minorías étnicas, aunque estas minorías son hoy casi el 8 % del electorado. De nuevo, esto es en parte una consecuencia de nuestro sistema electoral: con el sistema que llamamos "first-past-the-post" cada partido en cada circunscripción selecciona solamente un candidato que en la mayoría de los casos es un varón blanco de clase media.

Con los sistemas proporcionales, hay que presentar un equipo de candidatos para cada distrito, lo que es un incentivo para que los partidos hagan equipos que reflejen todas las partes del electorado, esto es, mujeres tanto como hombres, representantes de las minorías étnicas significativas, gente joven tanto como adultos maduros, etc. Comparaciones con otros países demuestran que los sistemas proporcionales tienden a incrementar la representación de las mujeres.

Así pues, muchos de los problemas de la democracia británica podrían superarse o, por lo menos, reducirse, si Gran Bretaña introdujera un sistema de representación proporcional para las elecciones parlamentarias. Con este cambio, la composición de la Cámara de los Comunes reflejaría mucho mejor los puntos de vista del pueblo británico:

    • Ningún partido podría dominar los Comunes sin tener el apoyo mayoritario de los votantes;
    • Todos los electores tendrían un incentivo para votar y todos los votos contarían en el sentido de que contribuirían a los totales que deciden la atribución de los escaños;
    • Los partidos tendrían un incentivo para promover políticas para maximizar sus votos en todo el país y no solamente en escaños marginales; y
    • Podríamos esperar una gama más amplia de candidatos y, en consecuencia, los Comunes estarían más equilibrados en términos de género, etnicidad, etc.

     

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  • La incumplida promesa electoral del Laborismo

Si las razones para cambiar el sistema electoral son tan evidentes, ¿por qué no ha sucedido?

La promesa laborista de convocar un referéndum sobre el sistema electoral fue hecha en circunstancias políticas muy diferentes. En 1996 los laboristas habían sufrido 4 derrotas consecutivas en elecciones generales, incluyendo la de 1992 cuando se tuvo la impresión de que la victoria se la había quitado de las manos el debilitado Partido Conservador de John Major. Habían sufrido años de Thatcherismo que había establecido una nueva agenda para la derecha, destruyendo en gran parte el consenso posterior a la Guerra que había existido entre los partidos más importantes. Decidido a no dejar escapar otra oportunidad, el Partido Laborista entró en conversaciones con los demócratas liberales que concluyeron en la propuesta de un referéndum y la coalición de laborismo con democracia liberal si fuera necesaria para impedir que los conservadores tomaran otra vez el poder. Fue un periodo en el que Tony Blair y el entonces líder demócrata liberal, Paddy Ashdown, hablaron de "romper el molde de la política británica", superando la división entre las alas liberal y socialista del centro-izquierda británico, la cual había permitido a los conservadores dominar la política por la mayor parte del siglo XX.

Poco después de la elección de 1997, el Partido Laborista, actuando de acuerdo con uno de los compromisos de su programa, estableció la "Comisión Independiente sobre el Sistema Electoral" bajo la presidencia del difunto Roy Jenkins, que había sido Presidente de la Comisión Europea. Esta Comisión tenía la tarea de recomendar el sistema electoral que debería ser propuesto al electorado como una alternativa al sistema 'first-past-the-post' en un referéndum. Aunque la Comisión era sin duda sensible a la preocupación del laborismo sobre la proporcionalidad y el Gobierno de coalición, no recomendó un sistema enteramente proporcional, sino lo que ellos llamaron "AV+", un sistema que permitiera diputados adicionales elegidos con una moderada proporcionalidad.

Si embargo, cuando el informe de la Comisión fue hecho público, la resistencia dentro del Partido Laborista a cualquier cosa que oliera a un trato con los demócratas liberales se había endurecido. Ni los laboristas más optimistas habían previsto la dimensión de la victoria del Partido Laborista y con una mayoría parlamentaria de 166 diputados el Laborismo no tenía necesidad de los demócratas liberales como socios de una coalición. En consecuencia, la promesa de un referéndum fue uno de los pocos compromisos del programa que el Partido dejó a un lado y el informe de la Comisión ha estado cogiendo polvo desde 1998.

De nuevo vemos la aplicación del principio general de que el deseo de un partido de cambiar el sistema electoral está en relación inversa al poder político que ha sacado del sistema existente.

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  • Perspectiva de cambio

Auque el Gobierno ha faltado a su promesa de un referéndum sobre cómo Gran Bretaña elige a sus diputados parlamentarios, ha habido un progreso considerable en la introducción de mejoras de los sistemas electorales para elecciones en otros niveles:

  • El Parlamento Escocés y la Asamblea Nacional de Gales -los dos fueron elegidos por primera vez en 1999- usan un Sistema de Miembro Adicional (Additional Member System ). En Escocia y en Gales fue reconocido que el "First-Past-the-Post" llevaría a unas instituciones dominadas por el Partido Laborista, incluso aunque el Partido pudiera tener menos de la mitad de los votos y que esto afectaría el apoyo y respeto que tienen como voces legítimas del pueblo de Escocia y de Gales.
  • El establecimiento del Parlamento Escocés y de la Asamblea Nacional de Gales produjo debates sobre el estado de la democracia local. En los dos países se establecieron sendas comisiones para examinar reajustes electorales para los consejos locales y las dos comisiones independientemente llegaron a la conclusión de que el uso del sistema de voto único transferible produciría consejos locales más representativos y más responsables. Después de la última ronda de elecciones en Escocia el 1 de mayo hay una buena posibilidad de que el Parlamento Escocés acepte la recomendación sobre el voto transferible. En Gales, donde el Laborismo Galés está en una posición más fuerte, el progreso está menos asegurado.
  • En 1998, las elecciones para el Parlamente Europeo en Gran Bretaña se tuvieron por primera vez con un sistema proporcional (aunque el sistema de lista cerrada que se empleó no fue popular ni para los reformadores ni para los votantes). Antes de esta elección Gran Bretaña era el único país de la Unión Europea que no elegía a sus diputados para el Parlamento Europeo con sistema proporcional (no así en Irlanda del Norte donde los diputados europeos eran elegidos por el voto transferible).
  • Cuando en 2000 fue creada la Asamblea del Gran Londres, se usó un sistema de miembro adicional y se propuso que las asambleas regionales inglesas, caso de ser creadas, serían elegidas con una base proporcional.

    Estas elecciones subnacionales han dado a Gran Bretaña el gusto por una reforma electoral, y aunque las experiencias no han sido siempre positivas, los sondeos de opinión, uno tras otro, han demostrado que los electores aprecian sistemas que producen resultados más representativos y que fuerzan a los políticos de diferentes partidos a trabajar juntos antes que seguir con la innecesaria cultura conflictiva de la Cámara de los Comunes. Todavía más, han demostrado que la política de coalición puede funcionar en Gran Bretaña tan bien -en beneficio de los socios de coalición así como de los electores- como en otras partes de Europa.

    Aunque el Partido Laborista ha dejado de lado sus planes de 1997 para un referéndum sobre la elección de los diputados parlamentarios, esta decisión ha sido acogida con protestas de los reformadores dentro del Partido: aunque eran una minoría y tenían la oposición de la mayor parte de los sindicatos, obtuvieron el éxito de que se recogiera un nuevo compromiso en el programa para las elecciones generales de 2001. El Partido Laborista asumió:

    "revisar la experiencia de los sistemas electorales y el Informe Jenkins para evaluar qué cambios deberían introducirse en el sistema electoral para la Cámara de los Comunes. Un referéndum sigue siendo el medio correcto para acordar cualquier cambio para Westminster."

    Actualmente no está claro cuándo o cómo se va a hacer esa revisión, pero los reformadores de todos los partidos han estado trabajando para recoger argumentos y proponer la agenda para la revisión.

    La campaña en favor de la reforma electoral será probablemente larga mientras el Partido Laborista tenga una decisiva mayoría en el Parlamento. Mirando al futuro, sin embargo, el Laborismo no puede esperar que su dominio sobre la política británica dure por siempre: en algún momento podemos esperar que el Partido Conservador, quizá bajo un nuevo liderazgo, se reafirme como una efectiva oposición y los votantes laboristas, desencantados con lo que entienden como una deriva de su partido hacia la derecha y el creciente aislamiento de Tony Blair respecto de las bases del Partido, puedan o cambiar su lealtad o unirse a los no-votantes. Cuando llegue el tiempo en que el Partido Laborista tengan que afrontar la perspectiva de una derrota electoral, el Laborismo puede que vuelva a asumir el tema de la reforma electoral y ver la coalición con los demócratas liberales como una opción preferible a un nuevo largo periodo en la oposición.

    Keir Hardie, el fundador del Partido Laborista Británico, era un partidario de la Electoral Reform Society, pero su reclamación de un cambio electoral fue bloqueada por el entonces Primer Ministro liberal, Lloyd George, un bloqueo que los liberales (ahora demócratas liberales) han lamentado desde entonces. La pregunta ahora es si el Partido Laborista va a cometer el mismo error o va a actuar para cambiar el sistema electoral mientras tiene el poder político para hacerlo.

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Notas

Política Británica: Esta comunicación se refiere solamente a Gran Bretaña, es decir, el Reino Unido sin Irlanda del Norte que tiene sus peculiaridades políticas y sus problemas.. Volver al texto

Sondeos de opinión:
MORI, 2003 Volver al texto

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Coordinadora Estatal para la Reforma de la Ley Electoral en España
Actualizada : Domingo, 20 Abril, 2003 20:51

La Reforma electoral
¿el camino para revitalizar la democracia británica?

Ken Ritchie Marzo 2003